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Terminó la sequía para el equipo de Tigres. Tras 29 años sin ganar absolutamente nada, los norteños festejan en grande el ser los reyes de nuestro balompié, título que paga en parte a la fiel afición felina los años de sufrimiento en la buscada de la corona
Terminó la sequía para el equipo de Tigres. Tras 29 años sin ganar absolutamente nada, los norteños festejan en grande el ser los reyes de nuestro balompié, título que paga en parte a la fiel afición felina los años de sufrimiento en la buscada de la corona.
Tigres jugó bonito, tirado al frente, sin subestimar al rival, con jugadores brillantes de ida y vuela en el terreno de juego, de esos que defienden y marcan sin parar, dándole importancia a esa difícil comunión que debe existir entre la cancha y la tribuna que a fin de cuentas trae ese espectáculo indescriptible en la grada, el de los gritos, brincos, sobresaltos, infartos y en este caso final feliz.
De buenas a primeras, me trajo a la mente los nombres de Carlos Miloc, Oswaldo Batocletti, Tomás Boy, Gerónimo Barbadillo, Mateo Bravo, Sergio Orduña, Mario Carrillo y muchos otros que fueron bicampeones con esta camiseta de orgullo. Jugadores y técnico históricos que hoy se les suman los modernos héroes.
Tigres festeja ese grito cautivado por años, el “Tigrebus” se encontró a la multitud en la Macro Plaza que reclamaba la presencia de sus ídolos, esos que le regresaron la granea a los colores felinos, a los colores universitarios, a los colores de Cemex.
Me da mucho gusto por Don Lorenzo Zambrano, que encuentra recompensa a su fe, a su entusiasmo, a su dinero invertido en el equipo y sobre todo a su amor al futbol, que hoy le regresa una humilde satisfacción, cuando este hombre se merecería el cielo completo siempre. Grítelo y disfrútelo Don Lorenzo, usted se lo merece, felicidades.
El triunfo es para Tigres, pero el digno segundo lugar es para la férrea escuadra de Santos, que pese a todas las adversidades peleó los 180 minutos con mucha personalidad, cuestionando la superioridad de los felinos, hasta los minutos finales. Santos se queda en la orilla de manera digna, siendo víctima de las absurdas decisiones arbitrales del inmaculado Marco Rodríguez. |