|
Llevamos varias semanas, en las que el tema caliente de nuestro balompié es el arbitraje, hoy se habla más de las pifias de los hombres de negro que de los aciertos de los jugadores
Llevamos varias semanas, en las que el tema caliente de nuestro balompié es el arbitraje, hoy se habla más de las pifias de los hombres de negro que de los aciertos de los jugadores, colocando sobre la palestra el reparto de responsabilidades por el deficiente trabajo de los encargados de impartir la ley.
Es verdad que la baraja de árbitros de calidad es reducida y que la oportunidad para los jóvenes ha llegado de manera abrupta, pero se supone que hay un trabajo que respalda a las nuevas generaciones y que hasta el momento queda en duda.
Sobre las nominaciones y el rendimiento, Aarón Padilla es el menos culpable, el llamado “gansito” está atado de manos ante la existencia del mentado “ordenador” que ha resultado el cáncer de nuestro arbitraje con el paso del tiempo.
El “ordenador” fue una idea disparatada por parte de los dueños de los equipos, para evitar suspicacias arbitrales. El remedio ha salido más dañino que la supuesta enfermedad, hoy árbitros sin merecimientos llegan a partidos complicados y viceversa.
Además, con la aparición del ordenador, el silbante ha caído en un conformismo bárbaro, al no tener premios ni alicientes por el buen trabajo, pero si encontrando castigo ante las tardes de pesadilla.
En ese asunto de los castigos, tampoco hay paridad, por que como es posible que el errático Fernando Guerrero regrese a dirigir un partido con castigo de una semana, después de grave error en el partido de Tigres contra Querétaro, donde su falla, así como permitir el gol de Emanuel Villa de Cruz Azul, van directamente al marcador y resultado final del partido.
Me queda claro que con dos errores de ese tamaño, Fernando Guerrero no tiene capacidad para dirigir en el máximo circuito, así que sería bueno una temporada en divisiones inferiores, hasta que encuentre la madurez correspondiente para regresar a la Primera Nacional y si no, que se dedique a otra cosa.
Difícil el mundo de los Nazarenos y más cuando la falta de preparación, cursos y asesoramientos, les pasan factura y los colocan como incapaces de dirigir, convirtiéndolos en el “ojo del huracán”. |