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Tommy Morrison, el rubio boxeador de peso completo de los años noventa, cumple 43 años el día de hoy: parece no tener muchos motivos para festejar actualmente
Tommy Morrison, el rubio boxeador de peso completo de los años noventa, cumple 43 años el día de hoy: parece no tener muchos motivos para festejar actualmente, pero bueno.
Comenzó a combatir desde la adolescencia en su natal Arkansas, claro, fingiendo ser mayor. Rodeado de boxeadores desde la cuna, tuvo una carrera amateur distinguida. Sin embargo, perdió el boleto a los Juegos Olímpicos de Seúl 88 a manos de Ray Mercer (a la postre, medalla de oro), quien años después le infligiría su primera derrota como profesional por la vía de un espeluznante nocaut.
Clamaba ser sobrino nieto de John Wayne, era una super estrella en ciernes. Hasta que le detectaron el virus HIV en 1996 y se retiró forzadamente. Después aseguró que fue un complot, que nunca tuvo sida. Fue un rebelde, es, porque las últimas noticias sobre él a menudo involucran tiempo tras las rejas. ¿Qué fue de ese muchacho con un físico impresionante, que puso a sufrir a George Foreman, Donovan Ruddock y peleó con Sylvester Stallone en Rocky V? Nunca tuvo una pelea aburrida, todas tenían su aderezo de drama, como cuando el nativo americano, Joe Hipp, le fracturó la mandíbula pero ni así pudo vencerlo. Hay reportes de que lo vieron pelear en León, Guanajuato, en 2008, pero podría ser una leyenda urbana.
El "Duque" pegaba tan duro que casi nos olvidábamos de la estética de su boxeo: tenía variedad de golpes, versatilidad, rapidez, fiereza. Curiosamente, el gancho al hígado era una de sus armas predilectas, pues mandó a la lona a varios con ese simple argumento, como a Terry Anderson en 1995.
Desde su abrupto retiro, su vida se convirtió en una película de absurdos con dosis de humor negro. La policía lo acosa, a cada rato lo capturan con droga o con una pistola, ha tenido varios arrestos por golpizas, asaltos a mano armada. No es un buen ciudadano, pero. ¿y si la sociedad lo hizo así? Esa sociedad gringa de doble moral que, ahorita mismo, tiene del cogote a Lindsay Lohan por salirse dos rayitas del comportamiento estándar.
Quizá no fue el super ídolo que todos esperábamos que fuera, su potencia era eclipsada por su quijada de cristal. Así como ponía a dormir a decenas de oponentes, de manera dramática e inmisericorde, así solía irse a la lona, inerme, deshilachado. Pero de que sacudió al mundo, de verdad lo hizo.
Vaya, una felicitación para ese showman de los encordados, aquí no juzgamos, sólo agradecemos esos momentos épicos que nos brindó. La vida lo llevó por otros derroteros, quizá tomó varias (o muchas) malas decisiones, pero en el ring siempre desquitó la paga, nadie como él con ese corazón de toro.
Twitter@anayaseconds /
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