| El Más Grande | |
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Una vez fue el más hablador de todos, pero es justo ahora, que su voz es un susurro, cuando el mundo lo reconoce como El Más Grande, así, con altas: Mohamed Alí
Una vez fue el más hablador de todos, pero es justo ahora, que su voz es un susurro, cuando el mundo lo reconoce como El Más Grande, así, con altas. La historia de Mohamed Alí ha sido material de películas, documentales y perfiles que apenas han alcanzado a capturar la dimensión humanista del una vez llamado Cassius Clay.
Lo suyo estaba más allá de un gesto político. Pudo haber ido y recibir el trato preferencial de otras estrellas, lejos de las trincheras, pero decidió sacudir el mundo, la cual era una de sus frases favoritas “¡I shook up the world!”.
Su mejor pelea, para el que esto escribe, es la que protagonizó contra George Foreman en 1974, debido al contexto en que se daba: el joven estelar, devorador de rivales, que venía de vencer en dos rounds a Ken Norton (contendiente incómodo para Alí, incluso lo venció una vez) contra el ídolo veterano, disminuido físicamente. La apuesta no era si Foreman iba a ganar, si no en qué segmento lo iba a hacer. Muchos temían por la integridad física de Alí.
Consciente de su inferioridad corporal ante ese matón del cuadrilátero, Alí decidió emplear una estrategia que nadie entendió hasta que funcionó. Eludirlo, irse contra las cuerdas, aguantar con los puños en el rostro todos los envíos del gigantón, emplear el “rope a dope”, que es utilizar las cuerdas como parte de su defensa. Hasta que el grandulón se cansó y Alí, que tenía energía de reserva, lo liquidó en el octavo asalto, para infligirle su primer descalabro. El nombre propagandístico del pleito, que se llevó a cabo en Kinshasa, Zaire (ahora República del Congo), nunca se olvidará: “Rumble in the Jungle”.
Ahora que cumplió 70 años también hay que recordar su momento más oscuro, cuando fue masacrado por Larry Holmes en 1980. Fue un episodio triste en su carrera, Alí, que ya mostraba ligeros síntomas de Parkinson, peleaba para pagarle al fisco, ya no era ni la sombra de aquel púgil que “volaba como mariposa y picaba como abeja”.
Holmes se cansó de atacarlo por todos los flancos, debió terminar con los puños enrojecidos, el hombre. Angelo Dundee decidió que el Gran Alí se quedara sentado al final del décimo asalto, pero otro miembro de la esquina no estuvo de acuerdo. Dundee, para quien Alí es como un hijo, se impuso con voz altiva “¡Yo soy el que manda aquí!”.
Por cierto, Dundee todavía vive, debe pasar de los 90 años. Ojalá que se hayan encontrado estos dos, en la fiesta de cumpleaños de Alí. Tienen mucho que decirse, pero a lo mejor con una mirada basta.
@anayaseconds /
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