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Marco Antonio Rubio es uno de esos peleadores que no tiene la mejor suerte que digamos y la prometida oportunidad de pelear por el título no ha llegado debido a que su poseedor, Julio César Chávez, ni voltea a mirarlo
Marco Antonio Rubio es uno de esos peleadores que, dotado de gran poder de puños, no tiene la mejor suerte que digamos. Se supone que su combate de abril pasado ante el prospecto canadiense, David Lemieux, era una eliminatoria para contender por el título medio del CMB. Como el pleito fue en Canadá, ante un temible ponchador, nadie pensaba que Rubio se saldría del script con sorpresiva victoria por nocaut en el séptimo round, después de que Lemieux se cansó de golpearlo cinco asaltos al hilo. Rubio aguantó metralla y, en el sexto, comenzó a contestar, con tal buena puntería que mandó a la lona al anfitrión. Me imagino que los promotores se rascaron la cabeza sin saber qué hacer, eso no estaba en el plan. Pues bien, la prometida oportunidad de pelear por el título no ha llegado, debido a que su poseedor, Julio César Chávez, ni voltea a mirarlo, a pesar de los constantes retos del oriundo de Torreón en las redes sociales, es como su obsesión.
Este 16 de diciembre peleará en Las Vegas contra Matt Vanda, ese tozudo, pero sin clase, boxeador estadounidense que le dio mucha batalla al Junior en dos contiendas. Se espera una confrontación como en cámara lenta, la velocidad no es el fuerte de ninguno de los dos. Rubio debería salir airoso por su mayor pegada, pero si cae en uno de sus acostumbrados lapsos en los que se recarga en las cuerdas esperando quién sabe qué cosa, la balanza se podría inclinar por el norteamericano.
¿Y después qué? Rubio sigue en campaña, sueña con hacer un combate espectacular y después acudir al cierre de la convención anual del CMB, que este año se realizará en la Ciudad del Pecado, para hacerse promoción y, si hay oportunidad, retar personalmente a Chávez. Pero antes tiene que triunfar de un modo convincente, de otra forma el Hijo de la Leyenda podría decidirse por algún oponente más mediático para mediados del año que viene.
Y es que, con Rubio, no se sabe qué onda, como decían los chavos de mi época. Ya una vez luchó por el título, perdón, se subió al ring para disputarle el título a Kelly Pavlik y no hizo nada por ganar, se dedicó a evitar la caída, tuvo una participación lamentable y, de todos modos, le pararon la reyerta en el noveno. Eso fue en 2009 y parece que aprendió la lección, porque de entonces a la fecha lleva nueve pleitos, ocho ganados antes del límite y uno por decisión.
Rubio está ante una gran oportunidad de hacer pedazos a Vanda para que el Junior se digne a darle una fecha aproximada.
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